Hoy es el cuarenta de mayo. Pero hace frío en toda España y llueve en gran parte de ella. Es también el Día de la Rioja. Por eso los riojanos de Nájera se levantarán tarde y las calles están vacías y los bares están aún cerrados esta fresca mañana de junio. Salgo de Nájera con buen ánimo y llego pronto a desayunar en el bar Sevilla del pueblo de Azofra. Encuentro allí a una de las chicas de Sabiñánigo, la que yo recordaba como Ana, que ahora resulta ser Olga. Salimos de nuevo al camino. La lluvia que apuntaba muy suave desde Nájera arrecia un tanto ahora y me paro a colocarme la capa pluvial. Luego ando muy rápido, casi corro, hasta Cirueña. El desvío por obras que encontré hace seis y hace cinco años ya no está. Se llega bien y pronto a Santo Domingo de la Calzada, una de las poblaciones, y uno de los personajes, más entrañables del camino. Domingo García nació en Viloria de Rioja, en la provincia de Burgos, en el año del señor de mil diecinueve. Moriría noventa años después, el doce de mayo de mil ciento nueve, en el burgo que se había ido formando en torno a sus obras. Fue uno de los mayores impulsores del Camino de Santiago. Por su puente y por su hospital es el patrón de los Ingenieros Civiles, es decir de los Ingenieros Técnicos de Obras Públicas y de los Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos. Domingo era hijo de un labrador llamado Ximeno García y de su esposa Orodulce. Cuando sus padres murieron, el joven Domingo quiso hacerse monje. Lo intentó en los monasterios benedictinos de Valvanera y San Millán de la Cogolla, pero no lo consiguió. Entonces se retiró como eremita a un lugar apartado en los bosques de encinas de Ayuela, un lugar cercano al actual Santo Domingo de la Calzada. Hasta el año mil treinta y nueve Domingo fue un contemplativo. Hacia esa fecha, comenzó a colaborar con Gregorio, obispo de Ostia que había llegado a Calahorra como enviado papal para combatir una plaga de langosta que asolaba los territorios navarros y riojanos. El obispo Gregorio le otorgó la ordenación sacerdotal. Juntos construyeron un puente de madera sobre el río Oja para facilitar el tránsito de los peregrinos hacia Compostela. Y siguieron colaborando hasta la muerte de Gregorio en mil cuarenta y cuatro. Domingo entonces volvió a la zona de Ayuela y emprendió una profunda labor de colonización. Taló bosques, roturó tierras y comenzó la construcción de una calzada de piedra que supuso una desviación del camino tradicional por la calzada romana entre Logroño y Burgos, pero que se convirtió, a partir de entonces, en la ruta principal entre Nájera y Redecilla del Camino. Por esta labor fue conocido como Domingo el de la calzada. Los peregrinos empezaron a transitar por la nueva calzada y Domingo, para mejorar las condiciones del camino, sustituyó el puente de madera que había construido con Gregorio por uno más robusto, de piedra, y construyó un complejo integrado por un hospital, un pozo y una iglesia, para atender a las necesidades de los viajeros. El conjunto estaba situado en el lugar donde hoy lo está la Casa del Santo, que se ha utilizado durante muchos años como albergue de peregrinos hasta la última ampliación del mismo hace unos pocos años. Alfonso VI de Castilla se apoderó de la Rioja en el año mil setenta y seis, y comprendió enseguida que el desarrollo del Camino contribuía a su proyecto de castellanización de la zona. Previsoramente, se hizo partidario del santo, de sus obras, y de su villa. Hizo una visita a Domingo en mil noventa y lo puso al frente de las obras viarias que se realizaban a lo largo del Camino de Santiago. Por entonces, con la ayuda de su discípulo Juan de Ortega, había iniciado ya Domingo la construcción de un templo dedicado al Salvador y Santa María. El templo fue consagrado por el obispo de Calahorra en mil ciento seis. En el exterior del templo y adosado a sus muros, escogió el propio Domingo un lugar para su sepultura. El burgo, llamado Masburguete o Margubete (como se dice hoy día), de Santo Domingo de la Calzada no era tal en principio sino unas pocas casas construidas en torno a la ermita del santo ya durante su vida. Domingo murió en mil ciento nueve y para entonces el burgo ya contaba con una creciente población. La iglesia de Santo Domingo de la Calzada, en la que fue enterrado, fue elevada al rango de catedral poco después, al trasladarse a esta la diócesis de Calahorra en mil doscientos treinta y dos y así continuó hasta mil doscientos treinta y cinco. Nueve tablas pintadas, adornan hoy una pared de la catedral y recuerda los milagros de Santo Domingo, esas buenas obras de Domingo García en favor de los peregrinos de Santiago que no parecen haber cesado con su muerte. Se cuentan varias milagrosas curaciones de peregrinos, ocurridas en la villa, y que se atribuyen a la influencia de Domingo. Así se narran diversas historias como la de la curación de un caballero francés poseído por el demonio que fue librado del espíritu maligno ante el sepulcro del santo. O la curación de un peregrino alemán del siglo XV llamado Bernardo, que se curó de una infección purulenta de los ojos al visitar la tumba de Santo Domingo. O también la curación de un normando que recobró la vista al visitar la catedral. Pero sin duda alguna el milagro más famoso del santo constructor es el de la gallina que cantó después de asada como dice el refrán asociado a su nombre y al de la población. Suceso milagroso que según se cuenta sucedió en Santo Domingo de la Calzada y en el siglo XIV. En esa época, peregrinaba a Compostela un joven alemán de dieciocho años que se llamaba Hugonell y que iba acompañado por sus padres. En el mesón donde se hospedaron trabajaba una muchacha joven que se enamoró del peregrino y le requirió de amores. Al parecer, el muchacho se negó, tal vez por virtud, tal vez por cortedad o tal vez porque eran otros tiempos. Pero aun en otros tiempos no hay cosa más peligrosa e imprevisible que una mujer despechada y con ansias de venganza. La joven mesonera metió a escondidas en el zurrón del joven peregrino una copa de plata y luego le acusó de haberla robado. El joven Hugonell y sus padres se disponían a partir para seguir el peregrinaje. En esto, apareció la justicia para i9nvestigar la acusación registrando el zurrón del muchacho. Encontraron en él la copa y hallaron por tanto culpable al muchacho que fue condenado a la horca. Los padres no pudieron hacer nada por él sino rezar al señor Santiago. Según unas versiones se habían ido por delante de su hijo y, al llegarles la mala noticia de la acusación y el ahorcamiento, volvieron a toda prisa. Según otra versión, al acercarse al cuerpo ahorcado de su hijo para despedirse oyeron cómo éste les hablaba desde la horca y les decía que estaba vivo por la gracia del santo Domingo. Los padres, llenos de alegría, fueron a comunicar la noticia al corregidor que, justo en ese momento, estaba cenando opíparamente. El corregidor naturalmente se burló de lo que le contaban los padres acerca de un ahorcado que vive y habla desde la horca, y lanzó entonces la conocida frase: “Vuestro hijo está tan vivo como este gallo y esta gallina que me disponía a comer antes de que me importunarais”. Justo en ese momento, las aves saltaron del plato y se pusieron a cantar y cacarear alegremente. Sin duda por eso, los dulces típicos de la ciudad son los Ahorcaditos. Los ahorcaditos son unos dulces de hojaldre, rellenos de crema de almendra, y son el único dulce típico, afamado y con renombre de Santo Domingo de la Calzada. Cuentan con una larga tradición. Estos dulces fueron creados por la local Pastelería Isidro, y muy pronto se difundieron, llegando a comercializarse en toda la provincia de La Rioja y a lo largo del camino de Santiago. Se trata de un dulce que, con su irónico nombre, es representativo en cualquier acto institucional del municipio y Comunidad Autónoma de la Rioja. La población que hoy se llama Santo Domingo de la Calzada era ya un pequeño burgo en el siglo XI, aunque aparece citado por primera vez en los cartularios de mil ciento treinta y seis. Este pequeño núcleo recibía el privilegio de población en mil ciento cuarenta y uno. Concentraba su población alrededor de la iglesia y el hospital que había puesto en marcha el eremita Domingo García. La villa estará bajo el gobierno del abad hasta el año mil doscientos cincuenta, fecha en la que pasará de abadenga a realenga, es decir, bajo el gobierno y la administración del rey. Para entonces, la población había crecido ya a lo largo de lo que se conoce como Barrio Viejo; todo la parte del Camino que, viniendo desde Logroño, llegaba hasta la Catedral y que estaba formado por las primeras casas que surgieron en el burgo, y el Barrio Nuevo; el resto del camino que va desde la Catedral hasta la salida hacia Burgos y que es el resultado de una planificación pensada para facilitar el asentamiento de las nuevas gentes que llegaban a la población. El crecimiento demográfico se producía como consecuencia de los fueros que le fueron concedidos por Alfonso VIII en mil ciento ochenta y siete y en mil doscientos siete, para potenciar el crecimiento del burgo. A finales del siglo XIII, ya habían aparecido el barrio de San Pedro, a los pies de la Catedral, y el arrabal de Margubete en la zona norte. A lo largo de los siglos XIV y XV, se construye la muralla y aparecen el arrabal de La Puebla en el sur, el Barrio del Mercado detrás de la Catedral y la calle Pinar, con lo que la ciudad adquiere la distribución que hoy se conoce como el casco antiguo. El siglo XVI conoce el desarrollo y florecimiento de la ciudad, que llega a tener tres mil habitantes, incluidos los de los arrabales nuevos que surgen entonces; el de San Roque, cerca de la puerta oriental de la calle Pinar, y el de San Francisco, alrededor del convento del mismo nombre. Tras un siglo XVII lleno de incertidumbres y crisis como en el resto de España, el XVIII recoge el auge de un nuevo desarrollo urbanístico, fruto de una nueva concepción de la sociedad, con la remodelación de la Plaza Mayor con el edificio del Corregimiento y el Ayuntamiento; los nuevos paseos del Espolón y la Carrera y sobre todo, se levanta la torre exenta en el espacio que ocupaba hasta entonces la cárcel, ahora trasladada al edificio del Corregimiento En el siglo XIX Santo Domingo de la Calzada se convierte, con la creación de la provincia de Logroño, en cabecera de comarca y partido judicial. Punto neurálgico de La Rioja Alta, alcanza los cuatro mil habitantes a finales del siglo y durante toda la centuria pasada sigue manteniendo su influencia en la comarca, convirtiéndose en el centro de servicios de la zona. Conoce un nuevo desarrollo urbanístico que hace crecer la ciudad en los ejes norte-sur, localizando las instalaciones industriales en la zona este, destacando principalmente el polígono San Lázaro. En mil novecientos setenta y tres fue declarado Conjunto de Interés Histórico Artístico su casco antiguo. En la actualidad, la ciudad de Santo Domingo de la Calzada cuenta con 6000 habitantes y es un importante centro de servicios de la comarca, con una gran proyección administrativa, comercial, industrial y turística.
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